El alcoholismo es una enfermedad crónica que se caracteriza por la dependencia del etanol (alcohol etílico). Esta dependencia puede ser fisiológica, sicológica o una combinación de las dos. Del 75 por ciento de la población occidental que, según se calcula, consume alcohol, una de cada diez personas llegara a presentar problemas de alcoholismo. Aunque en la actualidad el alcoholismo afecta a aproximadamente cuatro veces más hombres que mujeres, su incidencia entre las mujeres va en ascenso, al igual que su utilización por parte de niños, adolescentes y estudiantes universitarios.

El alcohol afecta a cada individuo de una manera diferente. Algunos se intoxican con el primer vaso, mientras que otros se toman cuatro o cinco antes de que se manifiesten los efectos del alcohol. En las personas alcohólicas cada vaso desencadena un deseo intenso de tomar otro. El alcoholismo es una enfermedad progresiva que suele comenzar cuando la persona bebe en situaciones sociales, donde esta conducta es perfectamente aceptada. Esto lleva a beber por cualquier motivo: Para calmarse, para animarse, para celebrar, para “ahogar las penas”, y así sucesivamente. Pronto el alcoholismo deja de necesitar excusa para beber y, con el tiempo, su dependencia del alcohol lo controla por completo. El alcohólico por lo general se siente avergonzado y enfadado por su conducta compulsiva y alberga profundos sentimientos de inferioridad. Sin embargo, esos sentimientos suelen llevar a abusar aun más del alcohol, pues su consumo le ayuda a adormecer el dolor emocional. Además, con frecuencia empieza a descargar su frustración en las personas más cercanas a él.

En el alcoholismo no hay dos casos iguales. Mientras que algunas personas beben cantidades entre moderadas y altas durante varios años antes de volverse clínicamente dependientes del alcohol, otras se vuelven adictas la primera a vez que lo prueban. Existe controversia sobre si el alcoholismo es producto de la genética o del medio ambiente. A pesar de que muchos datos respaldan ambos factores, la verdad quizás se ubica entre los dos. El alcoholismo es, probablemente, el resultado de la interacción de la genética y el medio ambiente.

En lo que respecta al organismo, el alcohol es un veneno. Entre los efectos del consumo crónico de alcohol están daño cerebral, hepático, pancreático, duodenal y nervioso. El alcoholismo es nocivo para el metabolismo de todas las células del organismo y debilita el sistema inmunológico. Aunque las consecuencias de consumir alcohol en exceso pueden tardar años en manifestarse, si el alcohólico no deja de beber su vida puede acortarse hasta en diez o quince años.

El alcohol se descompone en el hígado. El consumo repetido de esta sustancia inhibe la producción de enzimas digestivas por parte del hígado, lo cual altera la capacidad del organismo para absorber proteínas, grasas y vitaminas solubles en grasa (vitaminas A,D,E y K), al igual que vitaminas del complejo B (especialmente tiamina y ácido fólico) y otras vitaminas solubles en agua. El organismo deja de utilizar muchos nutrientes esenciales porque son eliminados rápidamente en la orina. El efecto tóxico del alcohol en el hígado es sumamente grave. Primero, en el hígado se acumulan cantidades excesivas de grasa porque a causa del alcohol el organismo pierde la capacidad de digerirlas adecuadamente. Segundo, el individuo alcohólico puede contraer hepatitis, una enfermedad en la cual las células del hígado se inflaman y pueden morir. La última etapa del daño hepático causado por el alcohol –usualmente fatal- es la cirrosis del hígado, enfermedad que se caracteriza por inflamación, endurecimiento y cicatrización del hígado. Esto impide que la sangre se movilice normalmente a través del hígado, lo cual inhibe la capacidad de este órgano de filtrar las toxinas y sustancias extrañas.

El hígado es uno de los órganos más fuertes del cuerpo y es el único que se puede regenerar a sí mismo después de sufrir ciertos daños. Hasta el 25 por ciento del hígado se puede extraer y en un corto lapso vuelve a crecer hasta adquirir el tamaño y la forma originales. A pesar de que el hígado está sometido a permanente abuso, si lo sabemos cuidar funcionará más que adecuadamente durante décadas. El alcohol es una de las toxinas que el hígado no maneja bien. Este órgano no se regenera tras ser gravemente perjudicado por el alcohol.

El alcoholismo también afecta a la salud de otras maneras. Los alcohólicos a menudo sufren daño del sistema nervioso periférico. Este daño se manifiesta inicialmente en insensibilidad en las manos o los pies, con la dificultad para caminar que es obvia en estos casos. El abuso del alcohol también produce inflamación del páncreas. Este problema dificulta aun más la capacidad del organismo de digerir las grasas y otros nutrientes, y puede conducir a la diabetes. Las personas alcohólicas enfrentan un riesgo mayor de contraer cáncer de boca y garganta por la exposición directa a la toxicidad del alcohol. También pueden sufrir de presión arterial alta, baja producción de testosterona, dilatación visible de los vasos sanguíneos inmediatamente bajo la superficie de la piel, y aumento patológico del tamaño del corazón que puede llegar a convertirse en insuficiencia cardiaca congestiva. Las consecuencias sociales del alcoholismo también pueden ser muy destructivas. El abuso del alcohol le cobra a la sociedad un precio muy alto: accidentes automovilísticos y de otra índole, ineficiencia laboral y familias enteras afectadas emocionalmente.

Beber durante el embarazo es particularmente dañino, pues el alcohol puede producir defectos de nacimiento y aumentar la probabilidad de un aborto espontáneo. El alcohol pasa al sistema circulatorio del feto a través de la placenta materna. Esta sustancia tóxica disminuye la actividad funcional del sistema nervioso central del feto. Más aún, el hígado del feto podría tratar de metabolizar el alcohol pero, como todavía no está bien desarrollado, esa sustancia permanece en su sistema circulatorio. Las mujeres que beben durante el embarazo generalmente dan a luz bebes con bajo peso. El crecimiento de estos bebés suele ser lento, su cerebro puede ser más pequeño de lo normal y, además, puede presentarse retardo mental. No es raro que estos bebes nazcan con deformidades en las extremidades, las articulaciones, los dedos y los rasgos faciales. También se puede presentar defectos cardiacos y renales. Algunos niños que fueron expuestos al alcohol durante su vida intrauterina se vuelven hiperactivos en la adolescencia y presentan dificultades de aprendizaje. Cada vaso que se toma una mujer encinta no solo aumenta el riesgo de que su hijo nazca con síndrome de alcoholismo fetal, sino de que se le presente un aborto espontáneo. Especialmente durante los tres o cuatro primeros meses de embarazo, incluso pequeñas cantidades de alcohol son perjudiciales.

Los alcohólicos que dejan de beber suelen experimentar síntomas de abstinencia, en particular durante la primera semana de abstención. Estas personas pueden presentar insomnio, alucinaciones visuales y auditivas, convulsiones, ansiedad aguda, aceleración del pulso, transpiración abundante y fiebre. No obstante, con el tiempo y –si es necesario- una apropiada supervisión, estos síntomas pasan y el alcohólico queda libre para empezar un trabajo que le tomará toda la vida: recuperarse.

Los suplementos dietéticos que son importantes para todo el mundo, son de vital importancia para las personas alcohólicas. Estas personas necesitan suplementos de todos los minerales y vitaminas conocidos