Hay básicamente dos clases de diabetes: diabetes insípida y diabetes mellitus. La diabetes insípida es un trastorno metabólico que se presenta muy pocas veces y cuya causa es o bien una deficiencia de vasopresina, una hormona pituitaria, o bien la incapacidad de los riñones de reaccionar adecuadamente a esta hormona. La producción insuficiente de vasopresina suele deberse a daño de la glándula pituitaria. La diabetes insípida se caracteriza por una sed excesiva y unja producción enorme de orina, sin relación alguna con la cantidad de líquido ingerido.

La causa de la diabetes mellitus es un defecto en la producción de insulina por parte del páncreas. Sin insulina, el organismo no puede utilizar la glucosa (azúcar sanguíneo), su principal fuente de energía. En consecuencia, el nivel de glucosa que absorben los tejidos del organismo, desciende. Quizás más que cualquier otra enfermedad, la diabetes mellitus se relaciona con la dieta. Esta es una enfermedad crónica del metabolismo de los carbohidratos que con el tiempo aumenta el riesgo de sufrir enfermedades renales, aterosclerosis, ceguera y neuropatía (pérdida de la función nerviosa). Además, predispone al enfermo a adquirir infecciones con candidiasis y puede complicar el embarazo. Aunque la genética puede determinar la susceptibilidad a la diabetes, se cree que el origen de  muchos casos de diabetes es una dieta rica en alimentos refinados y procesados, y pobre en fibra y carbohidratos complejos. Las personas con sobrepeso son las que tienen un riesgo más alto de llegar a sufrir diabetes.

La diabetes mellitus se divide en dos categorías: tipo I, llamada diabetes dependiente de la insulina o diabetes juvenil, y tipo II, o diabetes no dependiente de la insulina. La diabetes tipo I se relaciona con la destrucción de las células beta del páncreas, que son las encargadas de fabricar la insulina. Este tipo de diabetes es más frecuente en los niños y en los adultos jóvenes. Pruebas recientes le atribuyen origenes virales a algunos casos de esta enfermedad. Es posible que también intervengan factores autoinmunes.

Entre los síntomas de la diabetes tipo I están irritabilidad, micción frecuente, sed anormal, náuseas o vómito, debilidad, fatiga, pérdida de peso aun cuando el consumo de alimentos es normal (o, incluso, superior a lo normal) y hambre inusual.

La gente que sufre de diabetes tipo I presenta episodios en los cuales el nivel de la glucosa sanguínea es sumamente alto (hiperglucemia) o sumamente bajo (hipoglucemia). Cualquiera de estas dos situaciones puede evolucionar hasta convertirse en una grave emergencia médica.

Los episodios de hipoglucemia, que se presentan súbitamente, pueden ser causados por no haber hecho alguna comida, por haber hecho demasiado ejercicio, o como reacción a una cantidad muy alta de insulina. Las primeras señales de la hipoglucemia son hambre, vahídos, sudor, confusión, palpitaciones y adormecimiento y hormigueo en los labios. Si no se le pone remedio inmediatamente, la persona puede empezar a desorientarse, a ver doble y a temblar. Así mismo, puede empezar a actuar de manera extraña y, eventualmente, caer en coma.

Por otra parte, los episodios de hiperglucemia no se presentan abruptamente; su desarrollo puede tardar horas o incluso días. El riesgo de hiperglucemia es más alto cuando hay alguna enfermedad, pues los requerimientos de insulina aumentan, el azúcar sanguíneo se eleva poco a poco y conduce finalmente al coma diabético, reacción que se conoce también como cetoacidosis diabética. Un signo de que se está desarrollando hiperglucemia es la incapacidad de retener los fluidos. Entre las complicaciones a largo plazo están derrame cerebral, ceguera, enfermedad cardiaca, fallo renal, gangrena y daño de los nervios.

La segunda categoría de la diabetes mellitus o tipo II, a la cual mucha gente se refiere como diabetes de la edad madura, se presenta con más frecuencia en personas con antecedentes familiares de diabetes. En esta clase de diabetes, el páncreas produce insulina, pero esa insulina no es eficaz. Entre los síntomas está visión borrosa, prurito, sed inusual, somnolencia, fatiga, infecciones cutáneas, lenta curación de las heridas, y hormigueo y adormecimiento de los pies. La diabetes tipo II suele aparecer durante la edad adulta y se relaciona con una dieta inadecuada. Otros síntomas asociados con la diabetes son malestar permanente similar al que produce la influenza, pérdida de vello de las piernas, aumento del vello facial y pequeñas protuberancias amarillas (conocidas como xantomas) en cualquier lugar del cuerpo. A menudo, el primer síntoma de diabetes es balanopostitis (inflamación del glande y del prepucio del pene), síntoma que también se relaciona con la frecuente micción diurna y nocturna.

Algunas personas presentan baja tolerancia a la glucosa, lo que indica que existe una forma latente de diabetes, que es asintomática. Los niveles de glucosa plasmática y de reacción a la glucosa de estas personas son intermedios, es decir, están entre los de la persona diabética y los de la persona sana.

La diabetes sin diagnosticar ha producido pérdida de la visión en miles de personas.