La Declaración Política de la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General sobre la Prevención y el Control de las Enfermedades No Transmisibles realizada en la sede central de la Organización de Naciones Unidas (ONU) el 19 y 20 septiembre del 2011, reconoce textualmente: “la importancia de promover el empoderamiento de los pacientes con enfermedades no transmisibles”.

Sin embargo promover su empoderamiento, es más que informar sobre su condición y tratamiento; se necesita educar al paciente, su familia y allegados, que no es simplemente transmitir conocimientos, se necesita ir mas allá de la educación tradicional e insertar varios factores interrelacionados que hacen de este proceso algo complejo, por lo que el objetivo de este trabajo es: identificar y describir los factores que influyen en la complejidad de la educación al paciente que vive con una condición crónica, desde una perspectiva sistémica integradora.

Factores relacionados con la complejidad de la educación los pacientes que vive con una enfermedad crónica

La complejidad de la(s) enfermedad(es) del paciente no se relaciona únicamente con la presencia en una sola persona de múltiples enfermedades a la vez, pues hay pacientes con una sola enfermedad, sin otras asociadas, que puede considerarse compleja, por ejemplo: “una persona que viva en la calle y que solo tenga esquizofrenia es compleja, mientras que una persona estable y bien controlada, compensada, con diabetes que esté además en tratamiento por hipertensión e hiperlipidemia no lo es ” por otra parte a su juicio, en pacientes complejos la carga de la enfermedad no solo depende de los problemas de salud, sino también de su estilo de vida y otras circunstancias (sociales, culturales y medioambientales), a lo cual adicionan que si padecen varias enfermedades crónicas, no pueden obviarse los conceptos de fragilidad, discapacidad y complejidad.

En sentido general, los pacientes con enfermedades crónicas no tienen una sola afección predominante y en la mayoría existe comorbilidad y/o presencia simultánea de condiciones crónicas múltiples. Esto no debe sorprender al médico de familia, para quien un paciente con diabetes mellitus, sin ningún otro problema médico asociado, constituye la excepción más que la regla, pues lo típico es encontrar a una persona con diabetes mellitus de tipo 2, que esté deprimido, sea obeso, padezca cardiopatía isquémica y se queje de osteoartritis. De hecho, las visitas al consultorio por comorbilidades superan en número a las motivadas por cualquier enfermedad crónica simple.

Hoy el síndrome metabólico (conjunto de condiciones formadas por: hiperglucemia, hipertensión arterial, hipertrigliceridemia, valores bajos de colesterol HDL y obesidad abdominal) incrementa acentuadamente la incidencia y prevalencia por esa causa en nuestros países.

Relación entre enfermedades crónicas

En los últimos años se han realizado innumerables estudios acerca de la estrecha relación entre una enfermedad y otras, de manera que ese asunto ha ganado en claridad. A menudo, en las estrategias educativas no se toma en cuenta el factor de la comorbilidad y se diseñan programas e intervenciones circunscritos a una enfermedad crónica específica, con lo cual se ciñen a una perspectiva reduccionista.

Sturmberg, en un artículo sobre el pensamiento complejo y sistémico en la Atención Primaria, señala que el principal problema inherente al enfoque reduccionista es la descontextualización, por tanto, no se asombra ante el hecho de que a algunos médicos de familia les cueste trabajo responder a un cuadro clínico complejo con una respuesta descontextualizada, pues, respuestas reduccionistas raramente encajan en el contexto del paciente.

No obstante, se continúan elaborando programas integrales destinados a personas con hipertensión arterial, sin considerar en su totalidad: el entramado reticular, red relacional, comorbilidades y factores predisponentes, no solo biomédicos, conductuales u otros, incluidos los determinantes sociales (perspectiva sistémica/ holística).

De ahí surge la necesidad de ver al paciente en lo educativo no solo como un ente aislado, sino en el contexto familiar y/o de sus seres más queridos o cuidadores, con las multimorbilidades y comorbilidades que presenta, incluso en su complejidad.

Frecuentes intervenciones, modelos y programas dirigidos a pacientes con enfermedades crónicas específicas obvian estos y otros elementos que se mencionarán más adelante.

La educación al paciente con enfermedades crónicas no ha de circunscribirse a la transmisión de conocimientos sobre su condición biomédica, sino que debe contemplar también aspectos psicológicos y sociales relacionados con sus padecimientos y con todo el entramado de contextos y subcontextos que conforman su mundo relacional: entorno físico, espiritual, ecológico y de otra índole.

“El paciente debe educarse no como si fuese una caja vacía, que no supiera nada, sino como una persona que ha acumulado o acumula cierta experiencia adquirida durante el transcurso de esa larga evolución de su enfermedad; por consiguiente, se impone aceptar que también tiene o tendrá suficiente experiencia para convertirse en experta, hasta el punto de compartir sus vivencias al respecto y enseñar a otros pacientes, profesionales de la medicina y estudiantes de Ciencias de la Salud.