José Ignacio Vidal

«Con el fin de reclutar obligatoriamente a personas que ayuden en los domicilios, en el transporte de personas con enfermedades crónicas, minusvalías, y acompañando a personas en situación de soledad.»

Es una realidad, una triste realidad desde hace ya mucho tiempo que cuando las personas nos hacemos mayores, nos vamos quedando más solos. Ya no sumamos, restamos, ya no acompañamos, estorbamos. Y si a todo esto se unen las enfermedades que van parejas a nuestra edad según avanza, la situación se vuelve mucho peor si cabe. Pero es que además existen, desgraciadamente, muchas personas de cualquier edad con graves enfermedades crónicas y minusvalías que les impiden tener una mínima calidad de vida.

Afortunadas se pueden sentir, y no dramatizamos en lo más mínimo – todos tenemos vecinos a los que les ocurre todo lo contrario en nuestros edificios- aquellas personas que cuentan con el apoyo de familiares, aunque ese apoyo se traduzca en su ingreso en una residencia de ancianos.

Porque, y ese es el motivo de este punto, son más las que se quedan solas en sus domicilios sin ayuda de nadie, con el agravante además que hemos comentando antes: es decir, las enfermedades, la dificultad para moverse, para salir a la calle simplemente para comprar comida. Y estos son los protagonistas de este artículo. ¿Hay solución? Por supuesto. Solo hace falta que la Administración se ponga a ello y cree un Servicio Social remunerado y obligatorio para hombres y mujeres a los 18 años. Sí, han oído bien. ¿O acaso no existía antes un Servicio Militar Obligatorio – sin que España tuviera peligro de entrar en conflicto bélico?

El Servicio Social que nosotros pedimos no solo paliaría consi

derablemente el problema que supone que muchas personas, no solo ancianos, sino personas con enfermedades crónicas y graves minusvalías, puedan llevar una vida mínimamente normal.
La idea fundamental es que, tanto hombres como mujeres, al llegar a la mayoría de edad, deban cumplir, con una remuneración económica de por medio por supuesto, una labor social en forma de acompañamiento a personas en situación de soledad, ayuda en domicilios, y el transporte de personas con minusvalías o enfermedades crónicas. Sería no solamente un buen bálsamo para la falta de asistencia que este tipo de personas tiene, sino también una manera de que los jóvenes de 18 años empezaran a asomarse al mundo laboral y de paso formarse más como personas, ya que, remuneración aparte, este tipo de labor contribuiría a su formación como personas de cara al futuro y aceleraría su madurez.

En España viven más de 8 millones de personas mayores de 65 años, de las cuales alrededor de un 30% viven solas. Una gran parte de ellas se sienten solas y aisladas. Además, muchas viviendas y calles de nuestras ciudades no están adaptadas a personas que tienen alguna discapacidad, problemas para caminar o fragilidad física. Las barreras arquitectónicas son una de las causas más importantes por las que muchos mayores no salen de sus casas, por no poder afrontar unas escaleras o por miedo a caerse en la calle.

El cargo económico correría evidentemente para el Ministerio de Sanidad, que sería el encargado de pagar esas remuneraciones a los jóvenes. En cuanto a la adjudicación a según qué funciones correspondería a cada joven, quizá lo ideal sería realizar entrevistas previas y en función de los resultados dirigir a cada joven a una labor específica, ya sea en la ayuda en los domicilios, el transporte de personas con minusvalía o el acompañamiento de ancianos en situación de soledad.


Hasta el momento no se ha planteado una iniciativa así en nuestro país, pero desde aquí la vemos no solo necesaria, sino también esencial en la cobertura de personas con enfermedades crónicas, minusvalías, etc.

Sin embargo, nuestro país vecino, Francia, ya ha tomado la delantera con este problema del que hablamos con el proyecto de la llamada “mili” civil, una iniciativa del presidente Macron. De hecho, el proyecto comenzó ya a concretarse el pasado mes de junio. Un grupo de adolescentes, todos ellos voluntarios, pasaron 12 días en los diversos centros del país galo habilitados para el llamado “Servicio Nacional Universal” (SNU), nombre que recibe esta iniciativa, para cumplir una instrucción que el Gobierno francés quiere que sea obligatoria en el futuro para todos los franceses de 16 años.
2.000 adolescentes de entre 15 y 16 años que fueron seleccionados entre 4.000 candidatos al SNU pasaron este verano dos semanas alejados de sus hogares y alojados en albergues, centros vacacionales y escuelas, Estuvieron supervisados por 450 adultos que les sometieron a una intensa disciplina. De hecho, se les prohibía tanto fumar como utilizar el teléfono móvil.
Francia no tiene un servicio militar obligatorio desde que el presidente Jacques Chirac lo suspendiera en 1997. Pero Macron, que no tuvo que hacer la mili, defiende la necesidad de proponer un servicio que dé valores de cohesión a unos jóvenes muy separados socialmente. Y es en este punto donde en España nos encontramos con la misma situación de los jóvenes: sin mucha esperanza en el futuro, con una visión más bien pesimista en cuanto a su entrada en el mercado laboral… si en Francia ya ha arrancado este proyecto tan parecido al de Cronic, ¿por qué no toman medidas la Administración de nuestro país para paliar los problemas que hemos mencionado antes?

Nuestra propuesta varía respecto a la francesa en que el Servicio Social sí sería remunerado (500 euros al mes) por ocho horas diarias, que se podrían hacer en tres turnos, de 08:00 a 16:00; de 16:00 a 00:00; y de 00:00 a 08:00. Se cumplirían además dos necesidades sociales: que los jóvenes se acostumbren a un trabajo con la mayoría de edad, y que ese trabajo remunerado sea exclusivamente con esos parámetros.