Por José Ignacio Vidal

Subastas de medicamentos: están en el debate político y es una de las medidas más polémicas en el sector sanitario. De hecho, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) (recientemente nombrado Ministro) la ha puesto sobre la mesa a nivel nacional como de ahorro en gasto farmacéutico, pero, y esto es lo más importante y por lo que realmente hay que luchar. ¿alguien ha pensado en los verdaderos protagonistas y posibles damnificados con esta medida? los pacientes. Parece que no, y desde luego Cronic no se va aquedar de brazos cruzados ante tamaña injusticia. Pero volveremos a esto más tarde. De momento, vamos a describir los hechos y las consecuencias que se pueden venir encima.

De media, España gasta un 0,98% de nuestro PIB (Producto Nacional Bruto) en medicamentos, mientras que el promedio europeo se sitúa en un 0,67%. De hecho, durante 2018 el gasto farmacéutico hospitalario más el de recetas creció en el total de las comunidades autónomas un 4,63%, hasta llegar a los 17.482 millones de euros. Estos son datos fríos, y aunque se suele decir que “números cantan”, aquí hay que tener muy en cuenta el factor humano, desde luego desde Cronic lo tenemos, para proclamar que no todo son frías estadísticas ni cuestión de dinero.

¿Y qué es una subasta de medicamentos? Pues bien, su principal objetivo es ahorrar costes y funciona así. La Administración licitaría la venta en farmacias de determinados medicamentos cubiertos por la sanidad pública, por lo que los laboratorios tendrían que competir entre sí en una puja económica.
Es cierto que el ahorro que puede ser considerable (aunque otras voces no opinan lo mismo). De hecho, se aplicaron en Andalucía y el coste se abarató en 560 millones de euros, pero no es todo tan sencillo, los fabricantes se ven perjudicados, ya que pierden mucha cuota de mercado. Y no solo esto, es que podría producirse un problema de desabastecimiento de medicamentos como realmente se ha demostrado en Andalucía desde hace 10 años. Pero recuperemos el factor humano, que es lo que a Cronic le preocupa más, los pacientes no pueden aceptar que su medicación llegue a depender del mejor postor en cada momento.

Y luego están los efectos secundarios. Un paciente crónico habituado a un determinado medicamento, es decir su organismo, se verá afectado seriamente por el cambio a otro fármaco.

Más consecuencias negativas, como si en Cronic no hubiésemos recopilado ya unas cuantas. Desde la Asociación Española de Medicamentos Genéricos (AESEG), aseguran que el método de las subastas supondría el fin del ecosistema de fabricantes de estos medicamentos en España. Y además, afirman que habría un problema, como hemos mencionado antes, de desabastecimientos. Y lo peor es que no habría Plan B.
Además, según señalan desde el Colegio de Farmacéuticos, hay que apuntar que este tipo de sistemas no existe en ningún país de Europa y que supondría un verdadero “drama” para un sector de la industria que es eminentemente nacional.

Y los políticos, ¿qué opinan? El Partido Socialista ha incluido las subastas en el plan presupuestario recientemente enviado a Bruselas y parece ser que el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social siempre ha tenido intención de incluirlas entre sus medidas. Quien sí ha hecho frente común contra estas medidas es la industria farmacéutica. Cronic tiene clara su postura. El principal protagonista es el paciente, pero desgraciadamente la opinión de19 millones de personas parece que no van a ser suficientes para convencer al Gobierno de turno, de este gran desatino. Al final como siempre, los que pagamos somos los pacientes.

La Administración tiene que entender que cuando un médico receta un medicamento, se debe tener en cuenta un factor esencial que es la Adherencia. Y la Adherencia significa en una Enfermedad Crónica, que el Paciente se Adhiere, o sea se obliga a una misma medicación. Es verdad que los medicamentos Genéricos están obligados a seguir las normas de la bioequivalencia. Es decir, todos los medicamentos Genéricos tienen las mismas reglas de fabricación para los Laboratorios. Pero la eficacia no reside tanto en el nombre como en el que el paciente se habitúa a ese medicamento, y en muchas ocasiones, psicológicamente lo rechaza o recela. Eso a los políticos no les importa. Si está demostrada su eficacia, el ciudadano no quiere cambiar. Además, en los casos de plurimedicaciones, cuanto menos se cambien los nombres de los fármacos, más eficacia habrá en los tratamientos. Cualquier cambio en un medicamento crónico, el paciente recela. No importa que sea un genérico u otro, el paciente puede recelar. Y por eso hay muchos pacientes que abandonan los tratamientos farmacológicos. Si un paciente ve que el médico o el farmacéutico está cambiando constantemente el nombre de la medicación, el paciente dejará de confiar y no se tomará los medicamentos. Y hay evidencia de que eso existe.

Por tanto, se reduce a un tema: que los laboratorios no entren en las subastas. Y eso debía estar protegido por los propios Laboratorios Farmacéuticos.