José Ignacio Vidal

«El ejercicio físico debe ser incentivable para las personas que tienen una enfermedad crónica y que pueden valerse para realizar ejercicios. 30 minutos diarios es lo mínimo que necesita el cuerpo para cumplir con las funciones fisiológicas. El ejercicio mental debe ser motivado en su realización para estimular las neuronas que poco a poco se van apagando con la vejez o con la situación de deterioro por una dolencia crónica.»

Mens sana in corpore sano. ¿Les suena verdad? Una cita en latín universalmente conocida y que significa que, si nuestra mente está bien, el cuerpo también lo estará. Algo sin duda muy importante, ya que se suele decir qué si la mente sufre, el cuerpo pedirá ayuda. En este noveno mandamiento, Cronic se va a centrar en lo fundamental que puede ser para una recuperación y una calidad de vida para el enfermo crónico que es el ejercicio. No solo físico, sino también el mental. Porque es muy cierto qué si dedicamos un tiempo todos los días a “mover” el cuerpo, tonificarlo, no solo nos sentiremos nosotros mismos mejor, sino que nuestro organismo lo agradecerá enormemente.

Y lo mismo con el ejercicio mental. Al igual que con la memoria, que si no se ejercita se queda anquilosada, la actividad cerebral debe ser trabajada y “puesta en funcionamiento” con asiduidad porque será de este modo como las neuronas se irán estimulando.

En Cronic recomendamos 30 minutos de ejercicio físico todos los días. Hay muchas razones que pasaremos a detallar a continuación, pero antes de nada queremos aclarar que estamos hablando de enfermos crónicos, es decir, cada uno en la medida de sus posibilidades, tratará de ejercitarse, pero tampoco conviene forzar, ya que siempre existe riesgo de lesión. Y precisamente para evitar éstas, es aconsejable calentar antes de empezar la actividad física. Conviene, si no tenemos aún costumbre de hacer ejercicio, ir poco a poco, para observar cómo reacciona el cuerpo.
Los ejercicios físicos nos ayudan a mantenernos sanos y fuertes. Además, una rutina diaria de ejercicios reporta múltiples beneficios. Esta actividad repercute en cada uno de los órganos de nuestro cuerpo y nuestro corazón, porque hará que la sangre circule mejor. De esa manera, puede llegar a todos los rincones del cuerpo el oxígeno, que es primordial para el metabolismo. Precisamente por ello, la práctica habitual de ejercicios físicos ayuda a prevenir las afecciones cardíacas.

Otra de las ventajas inestimables del ejercicio físico, y más aún en una persona con enfermedad crónica, es que actúa como antidepresivo, por lo que mejora nuestro estado de ánimo. Por extensión, aumenta la autoestima. Es un hecho que cuando nos sentimos vitales desde el punto de vista físico, lo estamos también para afrontar la vida en general, y nuestra recuperación en particular. Hacer ejercicio regularmente también incide sobre la capacidad para relajarse y dormir mejor. De hecho, un estudio sugiere que practicar ejercicio 30 minutos cada día puede mejorar hasta un 65% la calidad de sueño.

Por si esto fuera poco, Cronic añade más argumentos para este mandamiento. Las personas que sufren hipertensión, se ven particularmente favorecidas por la ejercitación física. Eso sí, en este caso conviene la aprobación del médico que ha seguido la evolución del paciente para administrar las “cargas” de trabajo.
Otras ventajas del ejercicio físico continuado son: retraso de la degeneración ósea, que puede devenir en osteoporosis; previene el cáncer, en particular el de colon, mama y próstata; potencia las capacidad cerebral al hacer más eficiente la circulación de la sangre.

En Cronic creemos necesario tener en cuenta estos consejos antes de empezar la actividad física diaria:

  • Ir poco a poco. No conviene forzar al organismo.
  • Hidratarse bien. Reponer el líquido que perdemos en la sudoración.

Esto en cuanto a la actividad física, que además ya hemos visto que redunda en una mente sana y activa.

Pero Cronic va más allá, y requiere también que los enfermos crónicos ejerciten la mente, el cerebro, que es el “ordenador central” de nuestro organismo. Porque no olvidemos que las personas que padecen patologías crónicas, como enfermedades cardiovasculares, diabetes, asma, artritis, enfermedad pulmonar obstructiva crónica o cáncer, entre otras, los problemas asociados al tratamiento de la enfermedad o los efectos secundarios de los medicamentos, entre otros problemas, les vuelven más propensos a sufrir trastornos mentales como la ansiedad o la depresión. Ya hemos mencionado antes que la actividad física puede aminorar estas complicaciones.

Una buena manera de que el ejercicio mental tenga efectividad es que la persona se mantenga activa en el sentido de tener conversaciones con sus familiares, que lea, no solo libros sino también la prensa, que se mantenga al tanto de la actualidad. Todo con el fin de evitar su “enrocamiento”, es decir, que no se encierre en sí misma y esté en contacto con su entorno inmediato.