José Ignacio Vidal

Entendida como que el paciente debe de estar en su habitación individual con sola presencia de médicos y personal sanitario y sus familiares allegados. Eso rompe con el habitual sistema que niega la privacidad-intimidad de un enfermo al tener que compartir habitación con otra persona enferma, lo que significa de ruidos, molestias, riesgo de infecciones cruzadas etc etc.

Cuando uno tiene la mala suerte de tener que permanecer ingresado en un hospital, lo que menos le apetece es no poder preservar un mínimo de privacidad-intimidad. Porque, si el hecho de estar en un hospital por obligación, es decir, sufrir algún tipo de enfermedad que requiere el internamiento o bien tener que someterse a un preoperatorio para alguna clase de cirugía, es ya de sí desagradable y emocionalmente difícil de llevar, la falta de intimidad es otro escollo a salvar. Bien es cierto que hay una circunstancia inevitable cuando estamos ingresados: el “desfile” de médicos y enfermeras que acuden a la habitación de uno para las consultas, revisiones, cambios de los goteros, etc. Pero el tener que compartir habitación con otro, e incluso con otros dos pacientes más (un servidor ha sido testigo de ello) resulta, y en Cronic así lo creemos, tercermundista.

Y nos referimos, naturalmente, a la Sanidad Pública, ya que lógicamente la Privada no tiene este problema. El problema de compartir, bueno mejor dicho los problemas de compartir habitación de hospital son múltiples y en la mayoría de los casos peligrosos para los pacientes: al ruido y cruce de conversaciones de familiares de unos y de otros, se unen más molestias derivadas de la “superpoblación” en esa habitación de hospital, familiares que con su sola presencia (ellos no tienen la culpa), acaparan espacio y oxígeno a los enfermos, al margen de la sensación ambiental, que claramente se verá sobrecargada. Y a esto hay que unir naturalmente el riesgo de infecciones cruzadas de unos y otros. Una imagen que lamentablemente se sigue viviendo en nuestros hospitales y con la que Cronic quiere y considera prioritario terminar, por mucho que se trate de un tema de Sanidad.

Hace poco viví una situación cuanto menos “curiosa” al ir a visitar a un familiar que estaba ingresado en un hospital. Cuando llegué a la planta donde estaba internado, me fijé en un cartelito clavado en un corcho en la pared y que, más o menos decía lo siguiente: “No nos pregunten en qué habitación está ingresada alguna persona porque la ley de protección de datos personales nos impide facilitarles esa información”. La verdad es que no sé si decir en qué habitación se encuentra la persona que quiero visitar es violar esa ley, pero, en fin, habrá que “conformarse” remitiéndonos a la Ley Orgánica 15/1999, de trece de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal.

Viene todo esto a colación porque cuando entra el médico a hacer la visita, suele pedir que salgan de la habitación los acompañantes de los pacientes. Y es cierto que se preserva la privacidad-intimidad y se trabaja mejor si el paciente ha de exponer sus heridas o se le debe realizar algún tipo de exploración médica, pero… cuando no estás solo en la habitación, los demás pacientes también están allí lógicamente. ¿Por qué tienen que enterarse los demás pacientes del color de mis heces o de si orino poco o mucho?

Además, pongamos que el médico me da una buena noticia sobre mi dolencia. Y resulta que el paciente de la cama de al lado tiene un pronóstico nefasto a corto plazo, pues por mera educación tampoco puedo mostrar una alegría desbordante, y viceversa, si recibo una mala noticia, tendré que refrenar mis lágrimas por respeto a los demás.

Al parecer, como las habitaciones individuales son más caras presupuestariamente que las dobles, triples e incluso cuádruples, y se presupone que es algo que “no nos podemos permitir por su alto coste”, llegada la hora de la verdad, la privacidad-intimidad del paciente, sus datos de salud, la información sobre su proceso, etc, importan muy poco a nuestros gestores sanitarios, y desde Cronic a los hechos nos remitimos, que esto no es una crítica gratuita ni hablar por hablar.

Otro problema relacionado con la “superpoblación” hospitalaria, y en Cronic hemos sido testigos no hace mucho tiempo, está también el problema, y existe, aunque parezca mentira, del hacinamiento también de camillas en los pasillos, una visión que resulta de lo más triste y lamentable y que, igualmente que la anterior, desde Cronic queremos que se solucione de una vez por todas.