La primera consecuencia que se deduce claramente en España y en los otros países del mundo, es que no hacemos PREVENCIÓN.

En España más de 80.000 fallecidos (de momento) por el coronavirus del SARS COV2 y millones de afectados por la sindemia-pandemia. 80.000 fallecidos y millones de personas afectadas son la consecuencia de una mala política sanitaria. Porque una de las misiones esenciales de una sanidad moderna ante una sindemia como la actual es dotar de medidas preventivas para al menos, minimizar la catástrofe nacional que se nos ha venido encima. Y la siguiente consecuencia es que como no se ha prevenido porque no se han puesto los medios para hacerlo, serán las secuelas que van a quedar. En las familias, entre los amigos y en una economía absolutamente arrasada. La gestión de la pandemia ha seguido el mismo camino que el gobierno. La solución de encomendar esa gestión lo dice todo. Un médico sin el curriculum necesario para gestionar ésta sindemia. El corolario de esa gestión debería ser que hay que buscar médicos gestores capaces para hacer frente a una situación sanitaria tan grave.

El gobierno de Sánchez-Iglesias ha fracasado en todo, desde las mascarillas hasta los PCR. Y mientras tanto el gobierno dando notas de prensa a través de un nefasto Fernando Simón. Los únicos que han dado la nota a favor han sido los médicos y el personal sanitario, que esos sí que merecen un aplauso continuado y sonoro. Arriesgando sus vidas día a día. Y que decir sobre la gestión de Illa, un Ministro que en el casi año que ha estado no ha hecho nada. Excepto eso sí, al final encabezar la candidatura socialista, que también ha perdido.

España debe buscar otros líderes políticos. Porque la mayoría de ellos (hay excepciones) no dan la talla.

La sanidad española s un castillo de naipes. Malamente ha resistido el embate y ahora lo vamos a pagar todos.

Porque la gente piensa que cuando esto se termine (que se terminará de momento), todo va a volver a lo que llaman “normalidad”. Seríamos “anormales” si pensáramos que realmente esto ha acabado. Porque lo más probable es que se pueda repetir. Cualquier esfuerzo que hagamos de ahora en adelante en construir edificios serios que resistan cualquier sindemia-pandemia parecida, si estamos en un mundo lógico, la única solución es la Prevención.

Pero hablar de Prevención en un país que solo dedica el 6% del PIB a la sanidad es imposible. Y yo apunto dos soluciones, la primera de carácter económico y la segunda de carácter estructural.

El carácter económico se basa en la realidad de las cifras, un 6% que ahora apresuradamente el gobierno quiere aumentar a un 7,5 (y que al final se quedará en un 6,5) es una absoluta vergüenza. España debía estar gastando alrededor de un 10% para tener una sanidad saneada y capaz de combatir cualquier situación como la actual o las que puedan venir (que van a venir). Yo entiendo que cada país debe tener un presupuesto acorde a las posibilidades económicas. Pero tradicionalmente año tras año. Presupuesto tras presupuesto, la cifra ha ido bajando de forma proporcional. Y debería ser al revés. Los “sesudos” de los gobernantes debían hacer más hincapié a las necesidades sanitarias que son enormes. Casi igual a las necesidades de educación. España debe realizar un esfuerzo para incorporar tecnologías para que el trabajo en casa no sea una utopía sino todo lo contrario. Hay trabajos que no se pueden hacer nada más que de forma presencial. Pero afortunadamente y gracias a internet y las nuevas Tics de comunicación, el trabajo en casa no solo es necesario, sino que además evitaríamos desplazamientos, gastar dinero innecesariamente con un duro coste para el ciudadano. Y además, sería esencial este nuevo modelo de mercado de teletrabajo porque facilitaría la vida a lo que se llama ahora la España vaciada. Una política seria de tecnología basada en internet y las 5g posibilitaría sin duda que el ciudadano (sea hombre o mujer) pueda disfrutar de la vida en familia sin la necesidad de salir de casa. Eso cambiaría el concepto de vivienda. Casas mejor acondicionadas con espacios dedicados al teletrabajo. Y eso es absolutamente compatible y deseable con los otros sistemas de trabajo. El ideal es que en los próximos diez años, la cantidad de personas que teletrabajan (que son ahora minoría) podrían transformarse en una auténtica mayoría.

Entre otras cosas porque el teletrabajo significa responsabilidad. Responsabilidad en los horarios, en los descansos y por supuesto en el tiempo de ocio que necesita cada ciudadano.

El segundo tema estructural. España debía pensar seriamente y sin acritud que la sanidad española está muy enferma, no es de recibo que en el año 2021 las listas de espera en los hospitales públicos (y en menor medida en los privados) sea de seis meses como media. Igualmente, las listas de espera en los Centros de Salud, que en el sistema público tiene una media de 5 días para ser atendido por una simple gripe. Y parece que nadie quiere o sabe atacar la podredumbre del sistema sanitario. Cuando un paciente se le diagnostica de un cáncer, hay que tomar decisiones y el cáncer de la sanidad existe, y sería deseable que no metastatizara.

Algo que puede ocurrir porque el sistema autonómico que nos hemos dotado los españoles, está claro que tiene muchas lagunas. Hay que arbitrar medidas de contención y de cambio para que el estado de las autonomías prospere. Y por ahora “la salud del enfermo empeora”. Porque las autonomías, que es un invento cuasi español, es un quiero y no puedo. Entre un estado centralizado como es Francia o Reino Unido, o un estado federal como es Estados Unidos y Alemania. La diferencia es que los países que son dinámicos son los que más dinero tienen, los demás nos tenemos que contentar (y afortunadamente) con estados centralizados que funcionen. Ahora España está a medio camino del ridículo o de la catástrofe económica.

Yo he sido defensor de la actual Constitución Española. Pero para que no cambie de opinión solo bastaría que no volvamos a los Reinos de Taifas. Eso lo inventaron los árabes y la historia nos ha dicho que nos fue fatal. Que cada autonomía dicte todas sus propias reglas sin un control efectivo del estado y una prevención real para evitar que se ataquen los intereses de los españoles.

Una sanidad que está basada en gran medida en las historias clínicas de los pacientes como principio, puede entenderse, pero que, a los diez años de mal funcionar el sistema informático, de las historias clínicas, debería hacer pensar que ¿no sería mejor ahora un sistema único de informatización de las historias clínicas?

Es una vergüenza que existan 17 diferentes modelos de historias clínicas que no se pueden entrelazar ¿Cómo se puede trabajar en un sistema en que los pacientes no son únicos? Porque la enfermedad es igual para todos.

La sanidad además está organizada en estamentos estancos. El sistema hospitalario por un lado y el sistema de atención primaria. Y es que unos y otros no se hablan, una absoluta vergüenza. Y el sistema no permite crecer porque si un sistema de primaria no está enlazado con el sistema hospitalario, el paciente, que es al final lo que nos interesa, estará francamente desatendido. No hay interés en terminar con esa dicotomía en el sistema público sanitario. Parece que los dirigentes políticos les interesa dividir y separar en lugar de aunar intereses comunes. Ese sería el primer paso (de los otros muchos) que la sanidad debería iniciar rápidamente.

Cuando el paciente está enfermo lo primero que se le hace es aislarlo en su casa como primera medida. Pero no hay continuidad, es decir, el sistema sanitario falla estrepitosamente en el sistema público cuando todavía ni siquiera existe una historia clínica informatizada que ayude a médicos de primaria y a los médicos de hospital en entender lo que le está pasando al ciudadano.

(Continuará)

Dr. José Antonio Amérigo

Presidente de la Asociación Española de Enfermos y Enfermas con Enfermedades Crónicas